Cooperativas digitales — co-creación espontánea en internet

Cooperativas digitales

Las webs de creación colaborativa (co-creación) no son nada nuevo y, sin embargo, siguen muy actuales y creciendo, tal vez por los nuevos abordajes y por el poder de las redes sociales en la difusión de contenidos.

Lo que me motivó a escribir sobre este tema fue el lanzamiento de Guardian Cities,  plataforma colaborativa de reflexión sobre el futuro de las ciudades.

Lo interesante de esta plataforma está en su propia estructuración. Para colaborar, se anima a los usuarios a usar una cuenta de correo electrónico creada para la ocasión. En un primer momento pensé, “qué rudimentario, un email”. Tras darle más vueltas, entendí que no lo es. Evidentemente, con las facilidades que nos dan los CMS hoy en día y tras haberse asistido a una gran simplificación en su implementación, parece que el uso del correo electrónico como forma de aportación de contenidos es una elección consciente y no resultado de la pereza.

Los usuarios seguimos teniendo la sensación de que el correo electrónico es “serio”, implica pensar más en lo que se está enviando. No es lo mismo abrir la cuenta de correo electrónico y redactar un correo que escribir en una caja de texto y clicar enviar. El correo electrónico genera más implicación en el usuario. Este punto de partida de The Guardian revela una plataforma pensada en su estructuración y funcionamiento. Pero lo mejor está por venir, lo que será, probablemente, la clave del éxito de una plataforma de este tipo: la moderación.

Moderar no significa censurar, sino orientar el contenido generado en la dirección del debate constructivo, del aprendizaje y de la construcción de un ideario alrededor de la temática. The Guardian modera de varias formas:

  • la línea editorial: en la selección de los contenidos aportados por los usuarios;
  • los comentarios: la plataforma no limita la participación de los usuarios, sino que hace una selección transparente de la misma, dejando al usuario la elección de acceder al listado completo de comentarios o al “Editor’s Pick”, así como a las respuestas del equipo del espacio.
Guardian picks

Guardian picks: el equipo selecciona los comentarios que considera más relevantes.

Esta transparencia y libertad de acceso da el poder al usuario a la vez que le facilita la vida. A aquellos que necesitan una guía, se les aporta la visión crítica y conocedora de los editores y a aquellos que quieren profundizar más allá de esa visión se les da la oportunidad de bucear en los comentarios de todos los usuarios y así ampliar el espectro de perspectivas.

Otro ejemplo de proyecto que vive en gran medida de la colaboración y participación de sus usuarios lectores/creadores, es el proyecto P3, del periódico portugués Público. Esta plataforma experimental (según sus creadores, están en Beta —sería curioso profundizar sobre el uso de una expresión eminentemente usada en productos tecnológicos aplicada a un proyecto colaborativo—) está hecha por y para jóvenes y asume que trata todo de tú. Además de las publicaciones creadas por su equipo, están abiertos a colaboraciones externas —abriendo las puertas a la co-creación— y fomentan la conversación alrededor de las temáticas abordadas, usando el plugin de comentarios de Facebook, que tiene un efecto multiplicador sobre el alcance de los mismos y, por lo tanto, de la publicación.

¿Cómo mejoran la experiencia de usuario los espacios de creación colaborativa?

La creación colaborativa y la participación activa de los usuarios en una discusión propicia una sensación de pertenencia que activa mecanismos de compartición y voluntad integradora. Nos gusta ser oídos y compartir nuestras opiniones y conocimientos. Nos gusta tener visibilidad y compartir nuestros intereses con nuestros amigos. Miguel Ángel Riesgo, en su blog, hablaba de “entregar nuestros conocimientos” como manera de destacar. En un espacio colaborativo, tenemos la oportunidad de enseñar lo que sabemos y aprovechar el altavoz de una plataforma más potente que cualquiera que pudiéramos utilizar por nuestra cuenta. Por otro lado, como lectores, valoramos el trabajo del equipo moderador, por aquello de la autoridad, que explica Carlos Bravo en su artículo. Si sale en el The Guardian o en el Público es que algún valor tendrá. Si se lleva a cabo de manera transparente y escuchando a todo el mundo, este ejercicio de amplificación de las pequeñas –pero relevantes– voces puede generar un enorme engagement en los lectores y creadores, cuyas fronteras se diluyen cada vez más. Y eso, a la vez, contribuye para otorgar más autoridad al medio en sí, en un delicado círculo virtuoso.

Los espacios sociales moderados fomentan el contenido de calidad a través de la competencia sana entre creadores. Saben sacar provecho de nuestro ego en el buen sentido: trabajamos para producir una buena pieza de contenido y así ser publicado en una plataforma que, a pesar de accesible a todo el mundo, no deja de darnos algo de prestigio y, sobre todo, nos abre las puertas a un público al que antes no tendríamos acceso.

Además, el feedback de los lectores nos hace crecer. Estas reacciones son muy importantes porque son más espontáneas que aquellas que podemos obtener al movernos solamente en nuestro círculo de confianza.

Es evidente que abrir un espacio a la participación totalmente abierta tiene riesgos. Muchos usuarios, al encontrar contenido con el que no están de acuerdo, dirigen su mirada al equipo editor/moderador y les critican por su selección y por dar voz a aquellos personajes con cuyo discurso no están de acuerdo —esto es común en P3, donde muchos comentarios se dirigen en contra de los editores—. Una vez más, el papel del equipo moderador será el de abrir las puertas al diálogo, ser transparente con sus procesos y explicar por qué hay diferentes discursos en el espacio.

La transparencia y el diálogo son elementos clave para que los lectores y creadores se sientan parte de la historia y del engranaje de un espacio colaborativo. Si conseguimos ese engagement y ese sentimiento de pertenencia, nos acercamos a la construcción de una comunidad cuyo ideario es plural, que se escucha internamente y a la vez se potencia como un todo. Parece un pequeño paso hacia aquél tan bonito principio de Voltaire: “No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.”

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